jueves, 5 de marzo de 2026

Una opinión de Víctor Troyano sobre "Debajo del limonero", que me ha llegado al alma

 Opinión sobre "Debajo del limonero" nº 8

Una opinión de Víctor Troyano, que me ha llegado al alma

Víctor Troyano Escalante (Teba, Málaga)

«He terminado “Debajo del limonero” y todavía estoy un poco dentro de la historia. No quería que pasara mucho tiempo sin decir lo que he sentido al leerlo.

El libro no se lee; se vive despacio. Es de ésos que te obligan a parar, a respirar, a mirar hacia dentro. Hay una sensibilidad muy sincera en cada página. El limonero no es solo un árbol; es refugio, memoria, amor, tiempo. Es ese lugar al que todos volvemos cuando necesitamos entender quiénes fuimos y quiénes somos.

Gabriel me ha tocado especialmente. Es tan humano, tan frágil y tan valiente a la vez... Su manera de amar, de recordar, de enfrentarse a lo que siente, sin grandes gestos heroicos, solo desde la verdad, me ha parecido preciosa. Su crecimiento es silencioso, pero profundo. De los que dejan huella.

Y Ceres... qué manera tan delicada de convertirla en motor de todo sin necesidad de grandes artificios. Representa esa luz que te cambia para siempre. Ese amor que te construye, aunque también pueda doler.

Confieso algo. En el capítulo 36, cuando el libro pronuncia su propio nombre, se me hizo un nudo en la garganta. Tuve que quitarme las gafas un momento. Y no fue la única vez. Y en el 51. Y en el 66, con ese mensaje “Debajo del limonero; lo mismo da seis años antes que seis años después”. Ahí la novela me rompió un poquito. Lo digo como el mayor de los halagos.

Me parece mágico cuando una historia encuentra su corazón dentro de sí misma y lo deja latir delante del lector.

Se nota que está escrita con verdad. Con memoria. Con emoción real. Y eso no se puede fingir.

El guiño final a Katie Melua, muy elegante. Y la última frase (que omito para no restar intriga al lector) me ha parecido un cierre delicadamente maravilloso.

En mensaje aparte pongo las erratas sin importancia que he detectado, por si el libro se reedita.

Más allá de esos pequeños detalles, quiero felicitar al autor sinceramente. Ha escrito una novela sensible, honesta y profundamente humana. De esas que no se leen solo con los ojos, sino también con la memoria y el corazón.

Enhorabuena. Gracias por esta historia. De verdad».

Ilustraciones: Fotografías del camino de Arranoaitz, Oñate (Guipúzcoa), sábado 20 de septiembre de 1980.



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