Opinión sobre "Debajo del limonero" nº 8
Una opinión de Víctor Troyano, que me ha llegado al alma
Víctor Troyano Escalante (Teba, Málaga)
«He
terminado “Debajo del limonero” y todavía estoy un poco dentro de la historia.
No quería que pasara mucho tiempo sin decir lo que he sentido al leerlo.
El libro
no se lee; se vive despacio. Es de ésos que te obligan a parar, a respirar, a
mirar hacia dentro. Hay una sensibilidad muy sincera en cada página. El
limonero no es solo un árbol; es refugio, memoria, amor, tiempo. Es ese lugar
al que todos volvemos cuando necesitamos entender quiénes fuimos y quiénes
somos.
Gabriel
me ha tocado especialmente. Es tan humano, tan frágil y tan valiente a la vez...
Su manera de amar, de recordar, de enfrentarse a lo que siente, sin grandes
gestos heroicos, solo desde la verdad, me ha parecido preciosa. Su crecimiento
es silencioso, pero profundo. De los que dejan huella.
Y Ceres...
qué manera tan delicada de convertirla en motor de todo sin necesidad de grandes
artificios. Representa esa luz que te cambia para siempre. Ese amor que te
construye, aunque también pueda doler.
Confieso
algo. En el capítulo 36, cuando el libro pronuncia su propio nombre, se me hizo un nudo en la garganta. Tuve que quitarme las gafas un
momento. Y no fue la única vez. Y en el 51. Y en el 66, con ese mensaje “Debajo
del limonero; lo mismo da seis años antes que seis años después”. Ahí la novela
me rompió un poquito. Lo digo como el mayor de los halagos.
Me parece
mágico cuando una historia encuentra su corazón dentro de sí misma y lo deja
latir delante del lector.
Se nota
que está escrita con verdad. Con memoria. Con emoción real. Y eso no se puede
fingir.
El guiño
final a Katie Melua, muy elegante. Y la última frase (que omito para no restar
intriga al lector) me ha parecido un cierre delicadamente maravilloso.
En
mensaje aparte pongo las erratas sin importancia que he detectado, por si el libro se
reedita.
Más allá
de esos pequeños detalles, quiero felicitar al autor sinceramente. Ha escrito
una novela sensible, honesta y profundamente humana. De esas que no se leen
solo con los ojos, sino también con la memoria y el corazón.
Enhorabuena. Gracias por esta historia. De verdad».
Ilustraciones: Fotografías del camino de Arranoaitz, Oñate (Guipúzcoa), sábado 20 de septiembre de 1980.


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