Otra opinión sobre "Debajo del limonero"
Opinión de Rafael Correro Gallardo, ingeniero de Telecomunicaciones en Sevilla, natural del vecino pueblo de Sierra de Yeguas y un genealogista de prestigio.
Otra persona cuyas palabras me han llegado al alma. Rafael Correro dice así:
«Me ha encantado
esta frase de Víctor Troyano: “El libro no se lee, se vive despacio”.
A todas aquellas personas que vivimos los veranos interminables de los 80 en nuestros pueblos; a las que acudíamos a las discotecas cuando aún abrían martes, jueves, sábado y domingo; a aquéllos que compartieron el tiempo de asueto mientras echaban una mano en carpinterías, marmoleras o faenas agrícolas; y a quienes colaboraban en casa o en el negocio familiar; a todos ellos, este libro les traslada a paso lento por aquella época, tan distinta a la actual.
Y a los que no vivieron aquella época, a los adolescentes milenials, les recomiendo este paseo tranquilo por un tiempo en el que la presencia constante de la tecnología se suplía con el disfrute de las relaciones humanas y con actividades culturales, deportivas y de ocio, y con esas charlas interminables con la pandilla a la luz de las estrellas, evitando el tórrido ambiente de las mañanas y las tardes de estío.
Yo aún sigo
transitando lentamente el recorrido que nos propone Francisco. Y estoy en un
quiero y no quiero llegar al final de ese verano del 84 que estoy reviviendo
con “Debajo del limonero”.
En nuestro pueblo, Sierra de Yeguas, yo sólo tenía 8 años en el verano de 1984. Mi hermana acababa de cumplir 17 y bien podía ser una de las niñas de esta historia. Mi hermano cumplió 20 años ese verano y estaba a punto de realizar el servicio militar en Valladolid. De todo ello veo entrañables pinceladas en la novela.
El libro me
traslada a esos veranos de mi primera infancia, envidiando la libertad de mis
hermanos mayores. Mi adolescencia, ya a finales de los 80 y comienzos de los
90, discurrió de una forma muy similar.
Está siendo muy entrañable, a cada paso de Gabriel y Ceres, tener en mente a mi hermana Mariola y lo que ella hubiera disfrutado de esta historia; una historia que me está ayudando a recordar los momentos que el hermano pequeño no pudo compartir por la diferencia de edad entre nosotros».
Ilustración: Fotografía del 24 de marzo de 1985. Algunos miembros de la pandilla paseando por la alameda de Ardales.

No hay comentarios:
Publicar un comentario